sábado 31 de mayo de 2008

¿Para qué hacen falta embriones híbridos?

Grandes esperanzas, falsas promesas

El proyecto, promovido por el gobierno británico, para reformar la Ley de Embriología y Fecundación Humana, que el 19 y el 20 de mayo superó una nueva fase de su tramitación en la Cámara de los Comunes (ver noticia en Aceprensa), incluye varios puntos muy discutidos. Uno de ellos, por ahora aprobado, es la autorización para crear embriones mixtos de humano y animal. Poco antes del debate en la Cámara, Neil Scolding, profesor de Neurociencias Clínicas en la Universidad de Bristol, sostenía en The Tablet (17 mayo 2008) que la justificación de esa medida se basa en falsas expectativas sobre la utilidad de los embriones híbridos para descubrir nuevas terapias. (Fuente: The Tablet, 22 Mayo 2008)

“¿Cuántas veces hemos leído durante las recientes discusiones sobre la Ley de Embriología y Fecundación Humana que la investigación con embriones cíbridos de humano y animal es vital para conseguir remedios contra el alzheimer o el parkinson?” Según el primer ministro Gordon Brown, la ley permitirá encontrar terapias que “pueden salvar y mejorar la vida de miles de personas, millones al cabo de un tiempo”.

“Deslumbrado por las promesas, el público se inclina ante la ciencia. La Autoridad de Embriología y Fecundación Humana permite todo: no ha rechazado ningún proyecto de investigación con embriones. Los científicos partidarios de hacerlos tienen dóciles portavoces en políticos y periodistas cautivados por las promesas. ¿Cómo podría alguien oponerse a esas curas milagrosas?”.

Células adornadas con méritos de otras

“En el Times del sábado pasado [10 de mayo], un suplemento de 12 páginas (patrocinado por la Wellcome Trust y publicado –curiosamente– dos días antes del debate en el Parlamento) no cesaba de cantar las excelencias de las terapias y la investigación con células madre, mediante historias conmovedoras de curaciones e informaciones impresionantes sobre progresos científicos. Pero había algo que no se mencionaba: todos los casos de tratamientos a pacientes eran con células madre adultas; todas las informaciones sobre células embrionarias eran de experimentos o de ensayos con animales, o de estudios que especulaban sobre el potencial futuro de tales células. No se ha tratado ni a un solo paciente, ni siquiera en ensayos, con células madre embrionarias: sería demasiado peligroso”.

Eso no es sorprendente, añade Scolding, a la vista de los problemas que presentan las células madre embrionarias: propensión a formar tumores, inestabilidad y anomalías genéticas y cromosómicas, peligro de rechazo y de infecciones en el caso de las células de donante. Por eso, hace tres meses, el New England Journal of Medicine (28-02-2008), tenaz defensor de la clonación y de la investigación con células embrionarias, se lamentaba así: “Quizás, como era previsible, las dificultades técnicas y las complicaciones éticas de esta opción [células madre de embriones clónicos], la hacían impracticable desde el principio”.

En cambio, recuerda Scolding, las células adultas se pueden obtener con mayor facilidad en el organismo del propio enfermo. De ahí el éxito de ensayos clínicos con pacientes de enfermedades tan diversas como infartos, diabetes, isquemia de extremidades, incontinencia de estrés y retinopatías.

Células madre adultas: nacidas para reparar

Además, las ventajas de las células madre adultas obedecen a una razón biológica profunda. “Nuestra idea de la medicina regeneradora ha cambiado notablemente en los últimos años. Las propiedades básicas de las células embrionarias (capacidad de proliferar ilimitadamente y de diferenciarse en células de cualquier tipo) se consideraban claramente ventajosas sólo cuando entendíamos la terapia celular como un simple reemplazo de células perdidas. En realidad, esta idea simplista es aplicable en muy pocas circunstancias clínicas. La reparación tisular es infinitamente más compleja. Implantar neuronas derivadas de células madre, por ejemplo, y esperar que curen el alzheimer viene a ser como meter unos cuantos engranajes, ruedas y muelles dentro de un reloj estropeado y esperar que vuelva a funcionar”.

Pues bien, “el uso de las células madre adultas, presentes en muchos órganos especializados, si no en todos, ha evolucionado hacia la reparación: esa es la función que tienen [en el organismo], y la cumplen de muchos modos. Pero esto es apenas relevante para la nueva ley”.

Finalmente, Scolding recuerda que desde el año pasado existe una alternativa al uso de embriones: las células madre pluripotentes inducidas, que se obtienen por reprogramación genética de células diferenciadas del organismo. Esta técnica produce células “prácticamente idénticas a las embrionarias, y es muchísimo más fácil que la clonación humana (y no digamos que la clonación de cíbridos)”. “Científicos de todo el mundo se están pasando a la reprogramación; incluso investigadores británicos que trabajan con células madre dicen que la reprogramación anuncia el fin de la experimentación con embriones humanos. En ningún otro sitio despierta verdadero interés la opción, bastante estrambótica, de producir cíbridos, y menos aún híbridos”. (Resumen de Aceprensa)