miércoles 24 de octubre de 2007

El beato Manuel González y san Josemaría Escrivá en Benalmádena





El pasado 2 de octubre, el párroco de Benalmádena, Don Antonio Martín, bendijo estos dos nuevos cuadros colocados en el muro izquierdo de la capilla del Sagrario. Uno de ellos representa a San Josemaría con capa pluvial. El otro es del Beato don Manuel González, obispo de Málaga. Le acompañó Don Antonio Luque, Vicario Delegado del Opus Dei en Andalucía Oriental.

El autor de los retratos es Carlos Pozo, pintor valenciano, esposo de María José Escrivá de Balaguer (q.e.p.d), sobrina de San Josemaría. El tamaño de cada óleo es de 1,70 por 1,20 metros.

Por otra parte, el 7 de julio fueron bendecido dos cuadros en Taipei, capital de Taiwan, uno representando a San Vicente de Paúl y otro a San Josemaría. Fueron colocados en el presbiterio de la Parroquia de la Virgen de la Medalla Milagrosa. Bendijo las imágenes el obispo auxiliar de Taipei, que estuvo acompañado del Provincial de los PP. Paúles, del Vicario Regional de la Prelatura del Opus Dei y de la Hermana Provincial de las Hijas de la Caridad.

Días antes, el 26 de junio, fue también bendecida una escultura de cuerpo entero del Fundador del Opus Dei en Nueva Delhi, India. Después de la Misa la bendijo el Arzobispo de esa ciudad, acompañado del Vicario de la Prelatura. Después de una procesión fue dejada en una hornacina, en la capilla del Baptisterio de la catedral.

viernes 19 de octubre de 2007

El matrimonio fuente de bienestar



Cuenta una novela costumbrista británica de finales del XIX la historia de dos jóvenes hermanos huérfanos que vivían en una amplia finca de la campiña inglesa. El mayor de ellos, seco, envarado, meticuloso, se encargaba de gestionar el abundante patrimonio de la familia. El menor, en cambio, era un vividor cuyos días transcurrían en medio de una agitada vida social. Tras la inesperada muerte del primero de ellos, el otro pierde progresivamente su antigua alegría en poco tiempo, acaba cayendo en la bancarrota, enferma de gravedad y muere, ante la sorpresa de su entorno.

Hay una escena de la novela en la que el hermano menor, ya en el lecho de muerte, recibe a uno de sus amigos. Durante la conversación, recuerdan al hermano mayor, y el visitante se burla de su famosa flema, falta de nervio e inflexible, pero el enfermo le corrige: "Es fácil –dice– ser chispeante y libertino cuando se tiene quien lleve las cuentas. Las económicas y las morales. ¡Echo tanto de menos la mirada acusadora de mi hermano!".

Algo semejante parece ocurrir en la sociedad occidental en lo que se refiere a ciertos valores, instituciones y formas sociales que en las últimas décadas han sido considerados obsoletos o circunstanciales, y cuya erosión demuestra tiempo después los efectos beneficiosos que suponían. Uno de los más claros es el matrimonio.

Mientras existían unos usos sociales que, de hecho, promocionaban la unión familiar estable, las cargas de profundidad ideológicas y culturales contra la institución que se han producido desde el siglo XIX podían resultar incluso atrevidas. Ahora que la sociedad se mueve en buena medida bajo la influencia cotidiana de esos patrones, se muestran temerarias, vistas las consecuencias que ya afloran. Los números cantan. Y, paradójicamente, uno de los momentos más críticos para el matrimonio puede convertirse también en su oportunidad para demostrar los enormes beneficios que reporta a los individuos y a la sociedad.

Menos parejas casadas

Gran Bretaña ha encendido sus alarmas ante la creciente delincuencia entre los jóvenes, a la que se suman el alcoholismo o el fracaso escolar. Quizá por este motivo, del país anglosajón llegan informes, estudios e investigaciones que buscan datos fiables para encontrar una solución a estos acuciantes problemas.

Hace casi un año el Partido Conservador publicaba un amplio informe –Breakdown Britain– que mostraba los perjudiciales efectos de la crisis familiar y, por consiguiente, los beneficios de la estabilidad conyugal y familiar y la necesidad de privilegiarla fiscalmente (ver Aceprensa 140/06). Ahora, la Office for National Statistics (ONS) ha publicado un estudio, titulado " Focus on families"1, en el que se cruzan datos del censo y de encuestas nacionales para tratar de descubrir las relaciones que existen entre la tipología familiar y la situación de los padres con la salud, la economía y la formación académica.

Uno de los datos más significativos que ofrece el estudio es el de la composición de los hogares y su evolución. En 35 años, de 1971 a 2006, Gran Bretaña ha aumentado en 2 millones el número de familias, hasta los 17,1 millones. El número de hogares, sin embargo, se ha cuadruplicado, pasando de 6 a 24, 9 millones, con una disminución del número de miembros de esos hogares.

En cuanto a las formas de convivencia, la gran mayoría de las parejas en Gran Bretaña están casadas: 12,1 millones de matrimonios frente a 2,3 millones de parejas de hecho, 2,3 millones de madres solas (con hijos dependientes o no) y menos de 200.000 padres solos (9 de cada 10 hogares monoparentales dependen de la madre). Entre 1996 y 2006, el número de parejas casadas cayó en un 4%, mientras que las parejas de hecho crecieron un 60%, y las madres solas, más del 11%. El estudio hace estimaciones en las que predice un incremento de las parejas de hecho de 45 a 64 años en un 250% hasta 2031, y sugiere la posibilidad de que las parejas de hecho con hijos superen a los matrimonios con hijos, si se mantiene la tendencia. Ahora bien, estas previsiones no tienen en cuenta la evolución de la inmigración, en cuyas familias dominan aun más las parejas casadas.

Matrimonio, un hábito saludable

El estudio centra dos de sus cinco capítulos en la relación entre cuidados no remunerados, estructura familiar y salud, y las cifras muestran el impacto positivo que tiene el matrimonio sobre la salud de las familias. Las parejas casadas se ocupan, en mayor proporción que las parejas de hecho, de atender a los padres de uno u otro cónyuge y a otros familiares, ya que en aquellas la cohesión familiar es más fuerte. "Mientras el 16% de las familias casadas ofrece atención durante una hora o más semanalmente, solo un 9% de miembros de parejas de hecho lo hacen", dice el informe. Esto tiene su importancia económica, pues quienes cuidan de familiares ahorran actualmente a las arcas británicas 87.000 millones de libras (125.000 millones de euros) anuales en servicios de salud y atención a personas dependientes.

Hombres y mujeres casados llevan vidas más saludables y económicamente más estables. Las mujeres casadas de 40 a 64 años, según el informe, tienen "ventajas de salud significativas" sobre las no casadas, y las madres están más sanas que las que no tienen hijos. En términos generales, con el matrimonio los maridos ganan en salud y las esposas en situación económica.
Efectos protectores

Según diferentes estudios citados por el informe, el matrimonio tiene además efectos protectores sobre los miembros de la familia porque proporciona apoyo social y emocional. Amortigua los efectos perjudiciales del estrés; influye también en la salud al crear hábitos de vida saludables (por ejemplo, algunos estudios indican que los hombres mayores que viven solos se alimentan peor que quienes viven con su esposa); los cónyuges –"particularmente las esposas"– pueden disuadir de hábitos dañinos (así, los hombres no casados tienen índices más altos de consumo de alcohol que los casados).

El matrimonio también favorece el bienestar de los hijos. Así, entre los menores de 15 años, los que viven con su padre y su madre casados son los que presentan menor riesgo de sufrir enfermedades prolongadas. Le siguen los niños que viven en hogares formados por su padre natural y una madrastra, y los que están al cuidado de la madre y un padrastro. Exceptuando el 1% de chicos sin familia, que son los que más sufren este riesgo, la mayor probabilidad de padecer una enfermedad de larga duración se da en los que viven en hogares monoparentales encabezados por la madre, hogares que registran los mayores índices de pobreza.

Diferencias en el rendimiento escolar

En lo referido a la formación académica, el estudio se dirige a analizarla como causa y consecuencia de una determinada estructura familiar. Quizá las cifras más interesantes son las que reflejan el abandono escolar según los diferentes tipos de familia. A los 17 años, edad en la que la enseñanza ya no es obligatoria, el 78% de las chicas y el 69% de los chicos que vivían con sus padres casados seguían estudiando a tiempo completo, cosa que solo hacían el 69% de las chicas y el 59% de los chicos que vivían únicamente con la madre. En ambos casos, los porcentajes son superiores a los que registran aquellos que viven con padres no casados.
Estas cifras podrían ser achacables a factores socioeconómicos, ya que hay un mayor porcentaje de parejas casadas entre aquellas familias en mejor situación económica. La monoparentalidad y las rupturas familiares suelen ser causa de dificultades económicas. Para eliminar las interferencias producidas por estos factores, el estudio de la ONS desglosa los datos teniendo en cuenta la clase social del o los sustentadores económicos de la familia (clase 1: directivos y profesiones liberales; clase 2: cuadros medios, pequeños empleados, autónomos y técnicos; clase 3: trabajadores manuales). Y las diferencias se mantienen.

En el caso de las chicas de 17 años que viven con sus padres casados, siguen estudiando a tiempo completo más del 85% en las familias de clase 1, en torno al 75% en las de clase 2, y más del 65% en las de clase 3. En las familias monoparentales a cargo de la madre, las proporciones están en torno al 79%, 72% y 63%, respectivamente. En el resto de las situaciones familiares, los datos son incluso peores.

En los chicos, las diferencias son más pronunciadas. Así, de los que viven con sus padres casados, siguen estudiando a tiempo completo con 17 años el 81% de aquellos cuyos padres pertenecen a la clase 1, el 63% de los de clase 2, y el 54% de los de clase 3. De los que viven con su madre, lo hacen poco más del 70%, el 61% y el 51%, según la clase. Los porcentajes en el resto de situaciones familiares son mucho peores, especialmente para las familias de las clases 2 y 3. El estudio encuentra diferencias semejantes al analizar las calificaciones que obtienen los alumnos de esa misma edad.

Por otro lado, las diferencias en los resultados académicos entre chicos y chicas son menores en los hogares que están a cargo de los padres casados y no son familias recompuestas. Los peores resultados en todos los casos aquí mencionados corresponden a los hijos que viven en parejas de hecho en los que uno de los cónyuges no es el progenitor biológico del adolescente.
(1) http://www.statistics.gov.uk/downloads/theme_compendia/fof2007/FO_Families_2007.pdf.
Artículo de Agustín Alonso en http://www.aceprensa.com/

sábado 13 de octubre de 2007

A propósito de Educación para la Ciudadanía



Articulo de José Javier Esparza, critico de tv y columnista del grupo Vocento, publicado el 11 de octubre de 2007 y tomado del servicio ‘Siena newsletter’, segunda semana de octubre.

El autor comenta algunos aspectos morales que subyacen en la reacción que tienen muchos católicos respecto a la asignatura ‘Educación para la ciudadanía’, que nos parecen dignos de ser destacados. Al final propone a todos una decisión, pero advertimos que es una toma de postura tomada por él y que él es el que la aconseja: la objeción de conciencia.

"Es por lo de la Educación para la Ciudadanía, claro. ¿Por qué iba a ser, si no? Es el mayor atentado que se ha tramado en decenios contra la autonomía moral de la gente. Es la mayor intromisión imaginable en la libertad de verdad, que es la libertad interior. Y sin embargo, aquí apenas se mueven cuatro gatos. La prensa disidente hace circular titulares de impacto: «Ya hay 3.500 objetores en el mes de junio». Gran cosa, ¿eh? Tres mil quinientos en todo el país. En un vagón del Metro caben doscientas personas. Echad la cuenta. Es verdad que en las Termópilas bastaron trescientos. Pero esto es otra cosa. Esto es peor.

¿Dónde os habéis metido? ¿Debajo de las piedras? ¿Es que nadie os ha explicado lo que os estáis jugando? ¿O es que no lo queréis ver para no fatigaros, tal vez, o para no meteros «en líos»?

A vuestros hijos van a enseñarles que nada es verdad ni mentira, sino que todo depende del color con que se mira –y que ese color, mayormente, tira a bermellón–. Van a enseñarles que no existe una forma recta de ser y de estar, sino que todas valen lo mismo –es decir que lo malo es bueno, porque lo bueno no es tal–. Van a enseñarles que ETA es un grupo vasco armado que fue torturado alevosamente por la democracia española. Van a enseñarles que la guerra civil no ha terminado y que la reconciliación fue un error, porque no hizo justicia. Van a enseñarles que papá y mamá son conceptos vacíos e intercambiables por otros. Van a enseñarles todo eso, no con materiales teóricos mínimamente contrastables, sino con una buena porción de bazofia que, por otro lado, jamás fue escrita para educar a nadie, sino, deliberadamente, para todo lo contrario. Y lo más importante: os están diciendo, no a vuestros hijos, sino a vosotros, que la formación moral de los críos ya no es cosa vuestra, sino que ahora el Estado se hace cargo. Y vosotros, a descansar. Mamá-Estado se ocupa. ¡Qué bien!.

Aquí hay dos cosas atroces. Una: que el Estado invada la competencia de la familia en el ámbito moral, extirpe la libertad de educar conforme a los propios principios e imponga a las personas una determinada concepción de las cosas. Esto es algo que sólo cabe en una democracia corrompida, cuando una clase política aupada al poder se atribuye una potestad que nadie le ha concedido. Es también curioso que el Estado venga a clavarnos esta zarpa justo cuando más debilitado está: el Estado ya apenas nos protege, ha dejado de dominar su propia moneda, ha subordinado la Defensa a grandes organizaciones internacionales, las empresas han de recurrir a guardias privados porque la policía no basta, los ciudadanos han de pagarse la sanidad por su cuenta si quieren ser bien atendidos, hemos de suscribir planes de pensiones con los bancos porque la jubilación no nos llegará… Y es este Estado, decrépito e impotente, el que se permite ahora secuestrar la soberanía moral de las personas singulares. Repito: no de la Iglesia, ni de la Conferencia Episcopal ni del PP, sino la soberanía moral de las personas singulares, de la gente de la calle, tu soberanía y la mía.

La segunda cosa atroz es esta otra: la invasión del espacio moral viene bajo las banderas de una visión absolutamente sectaria de las cosas, una visión que se ha construido en el último cuarto de siglo bajo los escombros de dogmas ideológicos derrumbados, una visión expresamente contraria a la cultura mayoritaria de la sociedad, a los fundamentos tradicionales de nuestra civilización, a los principios objetivos de lo que centenares de generaciones de europeos han considerado natural. No estamos ante un movimiento de «progreso»; estamos ante un movimiento de simple inversión. El propósito de los invasores no es otro que darle la vuelta a todo. ¿Y pueden hacerlo? Moralmente, no. Pero si nadie se opone, ¿por qué no? Y aquí es donde se echa de menos un poco más de nervio ciudadano.
Por ahí, en la plaza, uno oye de todo. Que si no llegará la sangre al río. Que si ya lo arreglarán las comunidades autónomas. Que si no será tan fiero el león como lo pintan. Que si, después de todo, sólo es una asignatura, que dejará tan poca huella en los alumnos como las demás (¿?). Que, al fin y al cabo, eso que se enseña en Educación para la Ciudadanía es lo que se ve en la calle, y que los niños tienen que ir haciéndose a esas cosas. Excusas de mal pagador. Sobre todo, excusas ciegas, expedientes para escurrir el bulto y no querer afrontar lo esencial, a saber: que no se trata de que se enseñe tal o cual cosa, sino de que pretenden robarnos una porción importantísima de libertad personal.

Es la libertad.

Veréis: uno puede tolerar que el mundo sea una cueva de ladrones, que la televisión se haya convertido en territorio canalla, que los políticos abusen de las esperanzas de la gente (y los banqueros, de sus ilusiones), que los periódicos y la publicidad impongan una forma de ser y pensar decididamente absurda… Uno puede soportar todo eso porque, al fin y al cabo, ante la avalancha siempre es posible clavarse en la puerta de casa, coger el hacha y gritar «no pasarán». Pero lo que uno no puede tolerar es que cojan a tus hijos y les laven el coco al progresista modo. Por ahí no se puede pasar. Porque se trata de vuestros hijos. Y sin embargo, hermanos, lo estáis tolerando. ¿Qué os pasa? ¿Es que no tenéis sangre en las venas?

A los medios de la derecha religiosa, que admiran el ejemplo norteamericano, les gusta entregarse a ensoñaciones de regeneración, incluso de cruzada. Sueño vano. ¿Sabéis por qué en las sociedades con mayoría católica es impensable, hoy por hoy, un proceso semejante al norteamericano? Porque en los Estados Unidos la mayoría religiosa avanza sobre la base de asociaciones civiles, grupos de ciudadanos, comunidades con una voluntad de presencia política y social; pero aquí, en la Europa cristiana, y más especialmente católica y sobre todo en España, sólo una minoría exigua de ciudadanos actúa en la sociedad como creyente, el tejido asociativo civil es mínimo o inexistente, su capacidad de presencia social y política es reducidísima, muchos creyentes tienen alergia a la política o carecen de formación, la inmensa mayoría de los ciudadanos opta por la pasividad pública y prefiere delegarlo todo –en parte por tradición, en parte por pereza– en las espaldas de la jerarquía. «Los obispos sabrán qué hay que hacer» es una frase extraordinariamente socorrida. Y los obispos lo saben, claro que sí, pero el problema es que no son ellos quienes pueden hacer, sino los ciudadanos, las personas, y para eso hace falta un grado de compromiso que se diría completamente inalcanzable.

Por supuesto: este reproche va dirigido a unos católicos que parecen haber perdido por completo el sentido de la libertad personal, pero al menos aquí, entre la grey de los fieles, ha habido voces dispuestas a jugarse el pecho. Mucho peor es la situación ahí fuera, en la llamada «sociedad», donde una muchedumbre infinita de almas grises se muestra dispuesta a tragarlo todo con tal de no someter a agitación su adiposa conciencia. La reacción de los católicos ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía es tibia hasta la depresión, pero la actitud general de la sociedad es indiferente hasta la náusea. Hemos llegado a un punto tal de sumisión –al sistema, al dinero, a la comodidad burguesa, a lo «políticamente correcto»– que cuesta un mundo hacer ver a la gente que lo que está en juego es su libertad. Esa es la imagen del tirano de nuestro tiempo: ya no un déspota que te roba la cartera mientras te amenaza con la porra, sino un simpático cacicón que, mientras te rasca la barriga, te roba el alma. Y tú aún vas y te ríes..."

martes 2 de octubre de 2007

79 aniversario de la fundación del Opus Dei


El dos de octubre se conmemora un nuevo aniversario de la fundación del Opus Dei. En la página web de la Prelatura se pueden encontrar vídeos, fotos, palabras de San Josemaría, testimonios.

La foto es de la fachada de la iglesia cercana al lugar donde el Fundador realizaba unos días de retiro espiritual, cuyas campanas tocaron anunciando la celebración de la Misa en la fiesta de los Santos Angeles. Reflexionando sobre ello, el Padre le tomó un gran afecto a los Ángeles Custodios.