sábado 16 de mayo de 2009

ACERCA DE 'ANGELES Y DEMONIOS'

ENTREVISTA


El padre John Wauck, de la prelatura del Opus Dei, nacido en Chicago, profesor de literatura y comunicación de la fe en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, estudió historia de la literatura en la Universidad de Harvard. En esta entrevista, publicada en ZENIT el pasado 14 de mayo, constata el dato irrefutable de que nunca ha habido tantos peregrinos en Roma como en estos últimos años.

--¿No piensa que Dan Brown tiene una especie de fijación con la Iglesia?

--Padre Wauck: A veces me pregunto qué haría Dan Brown sin la Iglesia católica. Casi todo lo que de interés hay en sus novelas tiene relación con el catolicismo. Desde luego, no son sus personajes de cartón, ni los diálogos ortopédicos, los que atraen a la gente. Esto explica que el principal efecto del Código Da Vinci no fuera un descenso en la práctica o en las creencias religiosas, sino más bien un claro aumento del turismo a Roma... y al Louvre.

La fórmula de Dan Brown para vender libros es ofrecer un cóctel de historia, arte, religión y misterio; y parece que hay un único lugar en el mundo actual donde es capaz de encontrar juntas todas esas cosas: en Roma, en la Iglesia católica.

Si la historia, la belleza y los misterios sagrados te atraen, también te ha de atraer la Iglesia. Si te pones en la plaza de San Pedro, en Roma, en pocos metros a la redonda tienes una necrópolis romana, un obelisco egipcio traído a Roma por Calígula, la tumba de san Pedro, el lugar del atentado a su sucesor Juan Pablo II, la bóveda de la Capilla Sixtina y la Pietà de Miguel Ángel, las Estancias de Rafael, la columnata de Bernini, la mayor basílica del mundo y peregrinos procedentes de todo el planeta. Y no se trata de un museo. Es una realidad viva que nos pone en contacto directo con 20 siglos de historia, desde la antigüedad hasta nuestros días. ¿Qué más puede pedir un novelista como Dan Brown? Ciertamente es difícil encontrar algo semejante en la América suburbana, donde vive la mayoría de sus lectores.

Es decir, si Dan Brown parece fascinado por la Iglesia, hay que reconocer que no es el único: en Roma hay ahora más peregrinos que nunca. Vienen a ver la ciudad y a oír a Benedicto XVI. Y su interés no es mera curiosidad. Este año, en Pascua, 150.000 adultos han sido recibidos en la Iglesia católica en mi país, Estados Unidos.

--¿Le parece que la decisión del Vaticano de no permitir filmar en las Iglesias de Roma representa un trato desfavorable hacia los productores?

--Padre Wauck: Vivo en Roma desde hace 14 años, y nunca he visto a un equipo de filmación de Hollywood en una iglesia. Como regla general, no se filman películas comerciales, sean o no piadosas, en las iglesias de Roma. No se podría filmar ni siquiera "Los diez mandamientos". Naturalmente, no había por qué hacer una excepción con "Ángeles y Demonios". El trato que recibió esta película es el mismo que se da a cualquier otra. Lo demás son historietas del departamento de marketing de la película.

--"Ángeles y Demonios" presupone una hostilidad natural entre la fe cristiana y la ciencia moderna. ¿Qué opina sobre esto?

--Padre Wauck: Es relativamente fácil advertir que gran parte del mejor arte del mundo occidental --música, pintura, literatura, arquitectura-- es producto de una cultura cristiana: ha sido inspirado a menudo por la fe, cuando no directamente encargado por la Iglesia. Esto parece obvio. Pues bien, algo similar sucede con la ciencia, sólo que resulta más difícil de darse cuenta.
Piense, por ejemplo, en las universidades, que son un invento de la Iglesia. Piense en Copérnico, que era un clérigo católico y que dedicó su libro sobre el heliocentrismo al Papa. El calendario que usamos es el llamado calendario gregoriano, pues fue promulgado por un Papa, Gregorio XIII, que puso a trabajar a los astrónomos y matemáticos más destacados de su tiempo. El mismo Galileo fue siempre un católico devoto, y sus dos hijas fueron monjas. Uno de los mayores astrónomos italianos del siglo XIX fue un sacerdote jesuita, Angelo Secchi. El padre de la genética moderna, Gregor Mendel, era un monje católico. El autor de la teoría del "Big Bang" fue un sacerdote belga, Georges Lemaitre.

En definitiva, la idea de que hay una cierta tensión natural entre la ciencia y la Iglesia, entre la razón y la fe, no tiene sentido. Hoy la gente, cuando oye hablar de "ciencia" e "Iglesia", piensa en seguida en el proceso a Galileo en el siglo XVII. Pero una percepción más amplia de las cosas obliga a ver ese caso tan complicado --frecuentemente distorsionado por una cierta propaganda anti-católica-- como una manifiesta excepción. Si los críticos de la Iglesia lo sacan siempre a colación es por un motivo: porque es el único que pueden aducir. O sea, cuando oímos hablar de "ciencia" e "Iglesia" deberíamos pensar en Copérnico, Secchi, Mendel y Lemaitre: son esos los casos representativos. No lo es, en cambio, el proceso a Galileo.

--¿Hay algún aspecto del libro que le haya parecido interesante?

--Padre Wauck: Sí. Hay un pasaje de la novela en que el héroe, el profesor Langdon de la Universidad de Harvard, se encuentra frente a la basílica de San Pedro, y los pensamientos que pueblan su mente en ese momento --en la novela, él es la voz de la autoridad científica-- suenan realmente a anuncio del catolicismo. Uno casi cree estar leyendo el Catecismo de la Iglesia Católica, en vez de la novela de Dan Brown. El pasaje es éste: "Pedro es la piedra. La fe de Pedro en Dios fue tan firme que Jesús le llamó ‘la piedra', el discípulo inconmovible sobre cuyos hombros Jesús construiría su Iglesia. En este lugar, pensó Langdon, en la colina del Vaticano, Pedro había sido crucificado y enterrado. Los primeros cristianos construyeron un pequeño santuario sobre su tumba. A medida que el cristianismo se extendió, el santuario creció, paso a paso, hasta convertirse en esta basílica colosal. Toda la fe católica había sido levantada, literalmente, sobre San Pedro. La piedra". ("Ángeles y Demonios", cap. 118).

No da para un cartel publicitario gigante en Times Square, pero no está mal.

--¿No cree que con esta entrevista estamos dando publicidad gratis a la película?

--Padre Wauck: ¿Quién está haciendo publicidad a quién? Ésta es la cuestión. Posiblemente hay publicidad en las dos direcciones, pero si consideramos el tiempo, las energías y los millones de dólares empleados en la producción y promoción de esta película, yo diría que nosotros nos llevamos la mejor parte. Es decir, que quizá Dios está sirviéndose de Hollywood para atraer la atención de algunos sobre las riquezas de la fe y la cultura católicas.

Dicho esto, debo añadir que no tengo intención de gastar mi tiempo y mi dinero en ver esta película. Las reseñas de la película "El Código Da Vinci", hecha por el mismo equipo, fueron suficientemente sarcásticas como para poder ahorrarse la visión de ésta. Jesús Colina



sábado 18 de octubre de 2008

Camino y El Código da Vinci


Publicado en: Diario de Noticias, el 12 de octubre de 2008.

El Código Da Vinci

En mayo de 2006 se estrenó la versión cinematográfica de El Código Da Vinci, en medio de un gran despliegue publicitario. Durante los tres años anteriores, la novela de Dan Brown había vendido millones de copias y constituyó un fenómeno editorial de grandes dimensiones.

La trama del Código posee los típicos elementos del thriller: acción, intriga, misterio. El relato de Dan Brown tiene un punto de partida: desde el siglo IV, la Iglesia habría ocultado la verdad sobre Jesucristo, destruido los verdaderos evangelios y negado que Jesús tuvo descendencia con la Magdalena. A lo largo de la historia sólo algunos “illuminati” llegaban al conocimiento de la verdad, mientras que la Iglesia oficial intentaba impedirlo por todos los medios. En nuestros días, el “brazo armado” con el que la Iglesia persigue a los iluminados sería el Opus Dei, que en la novela aparece como organización criminal y sin escrúpulos.

Uno de los aspectos más relevantes de El Código Da Vinci es su forma de mezclar ficción y realidad. En efecto, la trama utiliza elementos reales (nombres, fechas, lugares), y los combina con otros de ficción. Esto no tiene nada de extraño, si quedase claro mediante un correcto “pacto de lectura”. Pero Dan Brown utiliza una calculada ambigüedad, las fronteras se difuminan y el lector al final no sabe a qué atenerse. Este recurso tampoco tendría más trascendencia, si no fuese porque Brown pone nombre y apellidos reales a sus mafias inventadas. De ese modo, la mezcla de ficción y realidad se vuelve explosiva.

Según los resultados de una encuesta realizada en Gran Bretaña, casi dos tercios de los lectores del Código creían que el contenido de la novela era cierto (y por tanto, que los evangelios eran falsos, que Jesús tuvo hijos con la Magdalena, etc.).

Con estos datos, no es de extrañar que la controversia que se planteó alrededor del Código ocupase amplio espacio en los medios de comunicación de numerosos países. En el centro del debate se encontraba el tema de la responsabilidad de los autores de obras de ficción. Con sus trabajos crean estereotipos, originan movimientos de opinión y provocan emociones. Los periodistas también lo hacen, pero el trabajo de los informadores es juzgado con otros parámetros: no pueden mezclar ficción y realidad, ni acusar sin fundamento.

En definitiva, los problemas planteados por el Código venían a recordar que la libertad de expresión, la libertad de creación, la libertad de crítica, propias de las sociedades democráticas, son compatibles con la responsabilidad y con el respeto mutuo.

Camino

El caso de Camino es distinto de El Código Da Vinci, pero existen algunas semejanzas: trata también asuntos que afectan a la Iglesia y a los católicos; el malo de la película tiene nombre y apellidos; y mezcla ficción y realidad de forma potencialmente explosiva.

Camino se inspira en la vida de Alexia González-Barros, adolescente madrileña que falleció de cáncer en 1985, con apenas 15 años. La Archidiócesis de Madrid ha iniciado su causa de canonización. Alexia fue tratada de su enfermedad en la Clínica de la Universidad de Navarra, donde transcurrió largos meses, rodeada del cariño de sus padres y hermanos y de la atención del personal sanitario. Después de 1985 fallecieron también sus padres. Actualmente viven cuatro hermanos.

A partir de la vida de Alexia se construye el guión. En síntesis, la película mantiene el envoltorio, pero modifica totalmente la sustancia: parece verdadera, pero es pura ficción. En la imaginación de los autores, Alexia es una niña que vive en un ambiente opresivo, creado por el Opus Dei y encarnado de forma muy aguda en la figura de la madre. Toda la historia del dolor de Alexia y del afecto de su familia está convertida en algo completamente distinto, en un caso de fanatismo religioso, atrofia de sentimientos y actitud masoquista ante el dolor. En el trasfondo, emerge una intención perversa: el Opus Dei pretendería aprovechar la enfermedad de la niña para construir una causa de canonización, con fines de proselitismo.

Cualquier persona normal que vea la película siente, como han dicho los críticos, una patada en el estómago, un choque emocional, un rechazo radical, una experiencia perturbadora e inolvidable. No puede ser de otra manera: un creyente, un católico, un miembro del Opus Dei sienten la misma repugnancia ante la falta de humanidad que narra la película.

De acuerdo con las declaraciones de los que han intervenido, el guión está escrito desde la increencia. El director ha declarado en diferentes ocasiones que no comparte la visión religiosa de la vida y no comprende la actitud cristiana ante la muerte. Quizá por esa razón, los personajes que aparecen en la película como creyentes son malos sin mezcla de virtud; y los que no tienen fe son buenos sin sombra de defecto. El resultado es un cuadro en blanco y negro, un enfoque que algunos han calificado de maniqueo, y que no fomenta precisamente la tolerancia.

La orientación religiosa de los autores merece todo el respeto. Sin embargo, no sería honrado silenciar un grave problema moral que plantea la película: Camino, como El Código Da Vinci, mezcla realidad y ficción, o más bien presenta la ficción como si fuera historia. Los espectadores salen de la proyección convencidos de que han visto algo que ha sucedido realmente. Por eso la repulsión de los espectadores es doble: les impresiona el relato y les horroriza pensar que es verdadero.

La familia ya ha expresado su dolor por el tratamiento que se hace de sus personas queridas. No es difícil imaginar los sentimientos de los hijos, cuando vean la imagen de su madre maltratada en las salas de cine de toda España. El Opus Dei ha publicado también una breve declaración, donde recuerda que, en esta película, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Tampoco es difícil imaginar los sentimientos de quien se ve retratado de forma repulsiva.

Juan Manuel Mora

jueves 16 de octubre de 2008

EN TIEMPO DE CRÍSIS...


La hora de los pobres

Estas líneas no son un canto al hambre, a la indigencia o a cualquier carencia humana. Sí quieren serlo al recto uso de los bienes, a la templanza, la generosidad o el desprendimiento.

Estamos entrando en tiempos difíciles para la economía, y tal vez esta realidad sea un momento propicio para un mejor uso de lo que poseemos. Tampoco se trata de poner una mordaza a las legítimas aspiraciones de nadie, ni de ofrecer una fácil disculpa a gobernantes, economistas, trabajadores o empresarios. Lo que propongo es algo de siempre, de sentido común; pero hay ocasiones en que éste —el menos común de los sentidos, según una profesora de mi infancia— puede sensibilizarse algo más. O quizá podríamos recordar aquello de hacer, de la necesidad, virtud.

La primera de las bienaventuranzas dice que los pobres son dichosos porque de ellos es el Reino de los Cielos. San Mateo habla de pobres de espíritu, y San Lucas, de pobres a secas. No son dos expresiones contradictorias ni es la primera una versión edulcorada: está claro en los dos evangelistas que se requieren ambos puntos. Ha escrito Benedicto XVI: «La pobreza de que se habla nunca es un simple fenómeno material. La pobreza puramente material no salva, aun cuando sea cierto que los más perjudicados de este mundo pueden contar de un modo especial con la bondad de Dios. Pero el corazón de los que no poseen nada puede endurecerse, ser malvado, estar por dentro lleno de afán de poseer, olvidando a Dios y codiciando sólo bienes materiales» (Jesús de Nazaret)

Por otro lado, la pobreza de que habla el Evangelio —afirma también el Papa- tampoco es simplemente una actitud espiritual. No a todos se nos pide lo mismo en el no tener o en el tener menos, pero todos necesitamos de las suficientes renuncias para que el corazón y la mente no queden lastrados, incluso embotados, por las riquezas. El poseer sólo puede ser un servicio que contraponga la cultura de la libertad interior a la del afán de acumular posesiones. Si es cristiano, para lograr el necesario desprendimiento que permita poseer el Reino de los Cielos y querer a los demás. Si no se es, porque la avaricia jamás hace una sociedad mejor.

«Los bienes de la tierra —afirmaba el fundador del Opus Dei- no son malos; se pervierten cuando el hombre los erige en ídolos y, ante esos ídolos, se postra; se ennoblecen cuando los convertimos en instrumentos para el bien, en una tarea cristiana de justicia y caridad». No podemos ir detrás de los bienes materiales —seguía diciendo- como quien busca su tesoro. Donde está tu tesoro, allí está tu corazón, dice la Escritura. Si amontonamos bienes, si no sirven para ejercer la justicia y la caridad, si no vivimos desprendidos de lo material, nuestro corazón y nuestra mente se empequeñecen, diría que se envilecen, puesto que han sido llamados a la magnanimidad, a metas más altas y amplias en las que han de fijar su tesoro.

Estamos en unos momentos delicados en la economía que, según los expertos, empeorará. Es necesario el concurso y el empeño de todos para resolverlo. Pero seguro que es una buena oportunidad para apretarse el cinturón, y no sólo, precisamente, los que menos tienen. Es hora de cancelar el consumismo descontrolado que únicamente busca el bienestar material tal vez en lo superfluo; es hora de la sobriedad en el beber, comer y vestir; es hora de la generosidad con las personas e instituciones más necesitadas o que trabajan en la mejora de los demás; es hora de moderar el gasto; es hora de una publicidad que no incite al deseo de lo más caro; es hora de reflexionar sobre el modo de educar a los hijos en el esfuerzo y en el conocimiento práctico de lo que cuestan las cosas; es hora de prescindir del capricho. . .

La indigencia, por sí misma, no es buena. Pero en la medida en que es voluntaria —o se lleva con garbo la forzosa- y conduce a metas más altas, puede convertirse en virtud: templanza, desprendimiento, pobreza. Quizá nos sirva esta máxima de Camino: «No lo olvides: aquel tiene más que necesita menos.- No te crees necesidades».

Pablo Cabellos, publicado en "Las Provincias", 24-06-2008

jueves 11 de septiembre de 2008

Para que nos entiendan las que quieren abortar


Ha llegado a mis manos un interesante artículo de Paul Swope, Presidente de LifeNet Services, Inc. y Director del Proyecto del Nordeste de USA de la Caring Fundation.

¿De qué se trata? De hablar adecuadamente a las mujeres que empiezan a considerar la posibilidad de abortar. Después de un tiempo de experiencia, nos dice Paul que los slogans, las reflexiones, el modo de hablar directo con estas personas a veces no es el adecuado. ¿Por qué? Porque solemos hablar de principios, o de deberes, o nos ponemos del lado del embrión que va a ser abortado... cuando resulta que la situación de la persona es otra.

Esta chica, sensatamente, vitalmente, se plantea qué va a ser de ella. Podría pensar en sacrificarse, no importa el coste que lleve consigo, por el hijo, pero no suele ser ese el planteamiento. El asunto es que se ha metido en un lío, la mayorías de los casos no puede contar ni con el chico ni con su familia, y lo más fácil es abortar. El embrión recién concebido no entraba en sus planes, por tanto lo más fácil es hacer como que "aquí no ha pasado nada". Y lo mismo puede ocurrir incluso si vive con su pareja: qué dirá él, seguro que no le gusta o incluso ya lo ha manifestado. La chica se siente culpable porque conoce casi por connaturalidad que el hijo es una persona, que no debe eliminarse, que Dios no quiere que lo haga, que hace mal si aborta..., pero está dispuesta a cargar con su culpa y su castigo... porque no ve otra salida. Todo es agobio, stress, una angustia que hay que rechazar pronto, y pensarlo todo más despacio. Por lo pronto, lo único sensato que puede hacerse es eliminar a la criatura.

Y ahí es donde debe llegar el mensaje de ayuda a favor de la vida, olvidando todo otro planteamiento y yendo al corazón de la madre.

Paul Swope hace ver que el planteamiento debe estar dirigido "al lado izquierdo del cerebro", allí donde se plantean emocionalmente los problemas. No es el momento de emplear el lado frío, el lado derecho, el de la racionalidad.

De las tres opciones posibles posibles -maternidad, adopción, aborto-, la que parece más radical en orden a reestablecer la situación anterior es la del aborto. De esa manera la persona intuye que recupera la posibilidad de dirigir su vida, de hacerlo mejor en el futuro, de prever un poco las cosas antes de que lleguen.

Los spots que comenzó la Caring Fundation pretendía ayudar a que la mujer conservase el control de su vida, a hacerle que ver qué la situación podía ser positiva para su nueva etapa. Que ella y su hijo se encontraban en la misma situación de apuro, porque ambos querían seguir viviendo y debían intentarlo juntos: quizás así lo lograsen, apoyándose la madre en el hijo y el hijo en la madre.

Uno de los spots presentaba un día desapacible, lluvioso, con el suelo encharcado, tiendas con luces y coches grandes que seguían su camino con indiferencia. Una joven embarazada corre en medio de todo eso: ha decidido salir adelante a pesar de las dificultades y va a buscar ayuda, porque quiere vivir ella y quiere que su hijo viva, eso es todo.

Los resultados de las encuestas mostraron el éxito de ponerse en estos anuncios de ayuda junto a la madre, hacerle ver que se comprende su punto de vista sin ningún reproche inicial, y que estimular su nivel más elemental de supervivencia.

Realmente, ninguno de nosotros actuamos por simple deber. Al deber, que es lo más importante sin duda, se unen una serie de circunstancias vitales que lo refuerzan. Son los pequeños detalles que le sirven de apoyo y que le hacen fuerte.

Eso sí, la persona madurada en la dificultad, que ha interiorizado los principios por los que merece la pensa vivir, la pérdida de los detalles humanos, sensibles, no debe suponerle ningún problema de importancia, aunque se sufra por ello.

"Las religiones han contribuido a prevenir y resolver conflictos"


Esta frase corresponde al ex embajador de Israel en España y la Santas Sede, Samuel Hadas, en un curso celebrado este verano en la Universidad de Navarra sobre el conflicto entre Israel y Palestina. El curso se titulaba “Historia de Israel y del pueblo judío: guerra y paz en la Tierra Prometida”.

Samuel Hadas, que es también asesor del Centro Peres por la Paz, afirmó que “las religiones han contribuido a prevenir y resolver conflictos y lo seguirán haciendo en el futuro”.

“En Oriente Medio, la influencia que ejerce sobre la sociedad, al contrario de lo que ocurre en otras partes del mundo, en vez de disminuir, está aumentando. La religión influye en la concepción de vida colectiva de los pueblos y en sus identidades nacionales como, por ejemplo, sucede en el conflicto palestino-israelí”, explicó el especialista.

A escala internacional, el investigador de la Universidad de Tel Aviv apuntó que nos encontramos “en una guerra impuesta por el totalitarismo religioso; una guerra contra la que hay que luchar en escuelas, mezquitas, iglesias y sinagogas”. A su juicio, “no se debe ignorar el potencial de la influencia positiva de la religión en la conciencia de las personas. Es primordial transmitir el verdadero mensaje del judaísmo, el cristianismo y el islam, que es un mensaje de paz opuesto al totalitarismo”, resaltó Samuel Hadas.

viernes 1 de agosto de 2008

OBJECIÓN DE CIENCIA MÉDICA

"Cuando unas normas jurídicas pretenden obligar al profesional sanitario a realizar una determinada intervención (aborto, asistir a un suicidio, diagnóstico prenatal con fines eugenésicos, ...), se apela en muchos casos a la objeción de conciencia.

Pero antes de plantear la regulación de este derecho hay que preguntarse si no existe, frente a estas normas conflictivas, una "objeción de ciencia", basada en estrictos criterios médicos."

Natalia López Moratalla es la presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI). Es catedrática y tiene en su haber muchos años de investigación y de docencia. En un artículo publicado en Aceprensa (82/08), se enfrenta a la toma de postura de algunos médicos y de algunos legisladores: juzgar a aquellos profesionales de la Medicina que aducen objeción de conciencia para determinadas prácticas indignas. ¿No sería conveniente que cada una de las partes expusiera públicamente los puntos de vista médicos en los que basa su posición?

Porque a veces la oposición de los profesionales no es de conciencia, no se basa en motivos extrínsecos a su labor ya sean religiosos o ideológicos. La oposición proviene de posturas extrictamente científicas, médicas, que algunos allegados al poder quieren hacer valer, y quieren forzar, por motivos extrictamente ideológicos y partidarios.

Por tanto, una seria la revisión de las ideas, de la antropología, de la visión global del hombre. Cuestión interesantísima si fuese abierta y sincera. Pero otra es también la visión cinetífica de unos y de otros, porque algunas prácticas que se van imponiendo son indefendibles en un debate abierto, sin trampas y sin imposiciones del poder.

domingo 22 de junio de 2008

Terminado el proceso diocesano de la causa de beatificación de Mons Alvaro del Portillo

"El próximo jueves 26 de junio, memoria litúrgica de San Josemaría, en el Palacio del Laterano, el cardenal Camillo Ruini presidirá la sesión de clausura del proceso diocesano sobre la vida y las virtudes del Siervo de Dios Álvaro del Portillo (1914-1994), obispo y prelado del Opus Dei.

El proceso se abrió el 5 de marzo de 2004. El actual Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, fue reconocido por la Congregación para las Causas de los Santos como obispo competente para instruir la causa de canonización de su predecesor. Sin embargo, Mons. Echevarría pidió al cardenal Ruini que se nombrase un tribunal en el Vicariato de la Diócesis de Roma para que recibiera su testimonio y el de algunos otros testigos. El resto de testigos han sido escuchados por el tribunal de la Prelatura en Roma o por tribunales de sus diócesis de residencia.

El próximo paso del proceso se dará cuando el tribunal de la Prelatura concluya las sesiones del proceso que instruye. Con el material que ambos tribunales hayan recogido, el Postulador elaborará la positio, que es una biografía del Siervo de Dios y un estudio de cómo ha vivido las virtudes cristianas en grado heroico. Estos documentos serán de nuevo enviados a la Congregación para las Causas de los Santos para que sean estudiados.

La comunión entre la Prelatura del Opus Dei y las diócesis

(Resumen del discurso de Mons. Francesco Monterisi, secretario de la Congregación para los Obispos en la conmemoración del 25º aniversario del Opus Dei como Prelatura personal en Madrid, el viernes 2 de mayo de 2008)

“Me alegra mucho participar en este Encuentro. Es para mí un honor estar aquí para transmitir la cordial felicitación de Su Eminencia el Card. Giovanni Battista Re, Prefecto de la Congregación para los Obispos, a la cual el Romano Pontífice encomendó la competencia de la Santa Sede sobre las cuestiones relacionadas con la Prelatura del Opus Dei.


En nombre del Cardenal Prefecto saludo al Vicario regional del Opus Dei en España, y a todos los miembros del Opus Dei.

El 28 de noviembre de 1982, el Papa Juan Pablo II erigió el Opus Dei como Prelatura Personal de la Iglesia Católica. El 19 de marzo de 1983 fue solemnemente ejecutada la Bula relativa "Ut sit", cuando ya había sido promulgado el Código de Derecho Canónico, el 25 de enero de 1983. No cabe duda de que lo que estamos conmemorando fue un acontecimiento importante, tanto en la vida de la institución fundada por San Josemaría Escrivá de Balaguer, como en toda la Iglesia: se daba definitivamente cauce y aprobación a una fuerza apostólica presente en los cinco Continentes y se erigía por primera vez una Prelatura Personal.

Como es sabido, el Decreto Conciliar "Presbyterorum Ordinis", de 1965, había aludido a la creación de prelaturas personales. La idea había sido retornada en el Motu Proprio de Paulo VI, "Ecclesiae Sanctae", y después en el Código de Derecho Canónico, en los cánones doscientos noventa y cuatro al doscientos noventa y siete (294-297).

Sin embargo, ya mucho antes de la celebración del Vaticano II, San Josemaría venía rezando por que fuese posible una intervención de la autoridad eclesiástica que confirmara la unidad de vocación de los diversos miembros del Opus Dei y garantizara su condición de fieles laicos o de sacerdotes seculares en la Iglesia.

San Josemaría quería sobre todo que el reconocimiento jurídico definitivo del Opus Dei se llevara a cabo dentro del Derecho común de la Iglesia, sin privilegios y sin régimen de excepción.

Una característica importante de los fieles del Opus Dei es la igualdad de condición respecto de los demás fieles de las diócesis y parroquias, en el sentido de que la pertenencia a la Obra no les aparta de las Iglesias particulares. Por eso la solución jurídica definitiva habría de dejar clara la dependencia de los fieles del Opus Dei respecto de los Obispos, ni más ni menos que los demás fieles de la diócesis.

1. COLABORACIÓN DE LOS MIEMBROS DEL OPUS DEI EN LAS ACTIVIDADES DIOCESANAS.

El Card. Camillo RUINI, en un discurso del pasado once de marzo, sobre la base de su larga experiencia como Vicario General del Santo Padre para la diócesis de Roma, y especialmente como Secretario y después Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, expuso con claridad que la presencia y actividades de los miembros del Opus Dei deben beneficiar, y de hecho, han beneficiado a las actividades pastorales de cada una de las diócesis en que trabajan. Las disposiciones jurídicas contenidas en el Código de Derecho Canónico y en la Constitución Apostólica "Ut sit", la Santa Sede vela para que la labor de las jurisdicciones personales en el territorio de las diócesis se lleve a cabo con espíritu de comunión.

Por otra parte, la Constitución Apostólica "Ut sit" (n. VI) prevé que cada cinco años el Prelado presente al Romano Pontífice, a través de la Congregación para los Obispos, un informe acerca de la situación de la Prelatura y del desarrollo de su trabajo.

Carecían, por tanto, de fundamento las preocupaciones que algunos manifestaron en los años cercanos a la erección de la Prelatura, pensando que el Opus Dei quedaría al margen de la Jerarquía. Al contrario, con la Prelatura, el Opus Dei está sometido al régimen de un Prelado que la dirige en comunión con la Sede Apostólica y con los demás Obispos.

2. LA SOCIEDAD SACERDOTAL DE LA SANTA CRUZ.

Al hablar del Opus Dei se piensa inmediatamente en la labor que la Prelatura realiza a favor de los laicos, promoviendo la vida cristiana en el mundo del trabajo, en la familia, etcétera.

Pero no se puede silenciar el apostolado que el Opus Dei realiza a través de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Efectivamente, mediante esta asociación de clérigos se presta una ayuda espiritual a los sacerdotes incardinados en las distintas diócesis del mundo, y los que sienten la llamada vocacional pueden adherirse a dicha Sociedad sin que por eso disminuya un ápice su dedicación a la diócesis ni su dependencia del propio Obispo. Más aún, la formación que se da a los clérigos tiende a reforzar esa dedicación; así lo explicaba el Fundador del Opus Dei: "El espíritu del Opus Dei, en efecto, tiene como característica esencial el hecho de no sacar a nadie de su sitio –unusquisque, in qua vocatione vocatus est, in ea permaneat (1 Cor 7, 20)

Por eso, cuando un sacerdote se adscribe a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz no modifica ni abandona su vocación diocesana –dedicación al servicio de la Iglesia local a la que está incardinado, plena dependencia del propio Ordinario, espiritualidad secular, unión con los demás sacerdotes, etc.-, sino que, por el contrario, se compromete a vivir esa vocación con plenitud, porque sabe que ha de buscar la perfección precisamente en el mismo ejercicio de sus obligaciones sacerdotales, como sacerdote diocesano".

Y San Josemaría concluía: "¿Los frutos de toda esta labor? Son para las Iglesias locales, a las que estos sacerdotes sirven. Y de esto se goza mi alma de sacerdote diocesano, que ha tenido además, repetidas veces, el consuelo de ver con qué cariño el Papa y los Obispos bendicen, desean y favorecen este trabajo".

sábado 31 de mayo de 2008

¿Para qué hacen falta embriones híbridos?

Grandes esperanzas, falsas promesas

El proyecto, promovido por el gobierno británico, para reformar la Ley de Embriología y Fecundación Humana, que el 19 y el 20 de mayo superó una nueva fase de su tramitación en la Cámara de los Comunes (ver noticia en Aceprensa), incluye varios puntos muy discutidos. Uno de ellos, por ahora aprobado, es la autorización para crear embriones mixtos de humano y animal. Poco antes del debate en la Cámara, Neil Scolding, profesor de Neurociencias Clínicas en la Universidad de Bristol, sostenía en The Tablet (17 mayo 2008) que la justificación de esa medida se basa en falsas expectativas sobre la utilidad de los embriones híbridos para descubrir nuevas terapias. (Fuente: The Tablet, 22 Mayo 2008)

“¿Cuántas veces hemos leído durante las recientes discusiones sobre la Ley de Embriología y Fecundación Humana que la investigación con embriones cíbridos de humano y animal es vital para conseguir remedios contra el alzheimer o el parkinson?” Según el primer ministro Gordon Brown, la ley permitirá encontrar terapias que “pueden salvar y mejorar la vida de miles de personas, millones al cabo de un tiempo”.

“Deslumbrado por las promesas, el público se inclina ante la ciencia. La Autoridad de Embriología y Fecundación Humana permite todo: no ha rechazado ningún proyecto de investigación con embriones. Los científicos partidarios de hacerlos tienen dóciles portavoces en políticos y periodistas cautivados por las promesas. ¿Cómo podría alguien oponerse a esas curas milagrosas?”.

Células adornadas con méritos de otras

“En el Times del sábado pasado [10 de mayo], un suplemento de 12 páginas (patrocinado por la Wellcome Trust y publicado –curiosamente– dos días antes del debate en el Parlamento) no cesaba de cantar las excelencias de las terapias y la investigación con células madre, mediante historias conmovedoras de curaciones e informaciones impresionantes sobre progresos científicos. Pero había algo que no se mencionaba: todos los casos de tratamientos a pacientes eran con células madre adultas; todas las informaciones sobre células embrionarias eran de experimentos o de ensayos con animales, o de estudios que especulaban sobre el potencial futuro de tales células. No se ha tratado ni a un solo paciente, ni siquiera en ensayos, con células madre embrionarias: sería demasiado peligroso”.

Eso no es sorprendente, añade Scolding, a la vista de los problemas que presentan las células madre embrionarias: propensión a formar tumores, inestabilidad y anomalías genéticas y cromosómicas, peligro de rechazo y de infecciones en el caso de las células de donante. Por eso, hace tres meses, el New England Journal of Medicine (28-02-2008), tenaz defensor de la clonación y de la investigación con células embrionarias, se lamentaba así: “Quizás, como era previsible, las dificultades técnicas y las complicaciones éticas de esta opción [células madre de embriones clónicos], la hacían impracticable desde el principio”.

En cambio, recuerda Scolding, las células adultas se pueden obtener con mayor facilidad en el organismo del propio enfermo. De ahí el éxito de ensayos clínicos con pacientes de enfermedades tan diversas como infartos, diabetes, isquemia de extremidades, incontinencia de estrés y retinopatías.

Células madre adultas: nacidas para reparar

Además, las ventajas de las células madre adultas obedecen a una razón biológica profunda. “Nuestra idea de la medicina regeneradora ha cambiado notablemente en los últimos años. Las propiedades básicas de las células embrionarias (capacidad de proliferar ilimitadamente y de diferenciarse en células de cualquier tipo) se consideraban claramente ventajosas sólo cuando entendíamos la terapia celular como un simple reemplazo de células perdidas. En realidad, esta idea simplista es aplicable en muy pocas circunstancias clínicas. La reparación tisular es infinitamente más compleja. Implantar neuronas derivadas de células madre, por ejemplo, y esperar que curen el alzheimer viene a ser como meter unos cuantos engranajes, ruedas y muelles dentro de un reloj estropeado y esperar que vuelva a funcionar”.

Pues bien, “el uso de las células madre adultas, presentes en muchos órganos especializados, si no en todos, ha evolucionado hacia la reparación: esa es la función que tienen [en el organismo], y la cumplen de muchos modos. Pero esto es apenas relevante para la nueva ley”.

Finalmente, Scolding recuerda que desde el año pasado existe una alternativa al uso de embriones: las células madre pluripotentes inducidas, que se obtienen por reprogramación genética de células diferenciadas del organismo. Esta técnica produce células “prácticamente idénticas a las embrionarias, y es muchísimo más fácil que la clonación humana (y no digamos que la clonación de cíbridos)”. “Científicos de todo el mundo se están pasando a la reprogramación; incluso investigadores británicos que trabajan con células madre dicen que la reprogramación anuncia el fin de la experimentación con embriones humanos. En ningún otro sitio despierta verdadero interés la opción, bastante estrambótica, de producir cíbridos, y menos aún híbridos”. (Resumen de Aceprensa)